El viejo París del fotógrafo Eugene Atget

Considerado un maestro de la fotografía de todos los tiempos, Eugene Atget, vecino de Montpartnasse, sobrevivió vendiendo sus fotos a arquitectos, comerciantes y artistas. Se dice, no se hasta que punto es cierto, que la única paga que recibió de la administración fue por retratar a las prostitutas parisinas. Quien sabe.
Gracias a su trabajo aún es posible contemplar cómo era la ciudad en 1900, el viejo París que a lo largo del siglo XX se encumbraría como un mito de la literatura, las artes y, de paso, del turismo de masas.

No es de extrañar que Berenice Abbott la fotógrafa que conservó parte la memoria de Nueva York, comprara una gran cantidad de sus negativos.
El escritor Antonio Muñoz Molina le dedicó un estupendo artículo,“Un complice de Proust”, en el que definía aquel retrato de calles adoquinadas y paisajes grises como la crónica de un Paris secreto y nebuloso.

Ironía y sarcasmo sobre la televisión de Andalucía

El diálogo es siempre constructivo porque sirve para comparar argumentos y razones. En el diálogo siempre cabe la ironía. Pero una cosa es la ironía y otra el sarcasmo, porque si bien ésta no rompe el tono de la conversación y las posibilidades de acuerdo o  desacuerdo amistoso, sin embargo el sarcasmo contiene una mordacidad cruel que revienta cualquier puente, si no el diálogo mismo.

Digo esto a propósito de un comunicado que ha difundido esta semana el Consejo Profesional de Canal Sur después de que un columnista de El Mundo de Andalucía escribiera un artículo sobre la periodista Carmen Benavides, encargada de hacer la cobertura informativa del presidente de la Junta, Jose Antonio Griñán.

Los profesionales de la televisión pública andaluza piden “más crítica y menos sarcasmo” y lamentan que el columnista llame a la periodista “secretaria enamoriscada”.

Ninguna televisión pública debe ser impermeable a la crítica porque se sostiene con fondos de todos los ciudadanos, pero eso no da patente de corso para trufar las razones que se quieran defender y difundir con perlas de ese tipo.

Twitter nos hace periodistas más jóvenes

Una joven periodista estadounidense, Mallary Jean Tenore, explica en seis pasos cómo aprendió a escribir mejor gracias a twitter.

1.- Twitter me enseñó a escribir con brevedad.
2.- Aumentó mi autoconfianza para escribir.
3.- Me indicó pistas sobre los intereses de la audiencia.
4.- Me mostró el valor de captar cómo reacciona la audiencia a las noticias.
5.- Hizo que me sintiera parte de una comunidad de escritores.
6.- Por último me recordó que a veces, está bien ser divertido y sarcástico al escribir.


Para los que somos veteranos, añadiría un item más: twitter nos hace más jóvenes.

Los detalles en “6 ways twitter has made me a better writer” por Mallary Jean Tenore.

Quejas de los lectores

En cierta ocasión un periodista interrogó al escritor William Faulkner acerca de las quejas de sus lectores. Estos lamentaban tener que leer dos y hasta tres veces sus textos para entenderlos y el entrevistador le preguntó qué les aconsejaría. El premio Nobel contestó: “que los lean cuatro veces”.

Una afirmación así, más de medio siglo después de pronunciarse, probablemente provocaría que el hashtag #Faulknerfacts terminara siendo trending topic en twitter.

Pero a pesar de la crítica que suscitaría -aunque ha pasado mucho tiempo la respuesta se antoja un tanto chulesca-, la afirmación de Faulkner nos muestra una defensa numantina de un tipo de creación literaria sin la cual no habrían existido obras como “En busca del tiempo perdido” de Marcel Proust o “Ulysses” de James Joyce, por citar dos ejemplos paradigmáticos de lecturas “difíciles”.

La verdad es que desconozco si ese debate existe todavía o es una discusión que los editores dejaron atrás hace años obligados por la disyuntiva de hacer rentables las editoriales o cerrarlas.

El público decide en función de su educación y de sus gustos, por lo que siempre encontrará una satisfacción en la lectura.
Y por su parte, el escritor opta entre ser un profesional o un artista. En el primer caso terminará harto de su empleo y en el segundo apreciará el placer de la escritura. O, ¿quien sabe?, del silencio.

La fotografías es de malias/flickr.

Ataques de melancolía

Para superar sus ataques de melancolía el periodista y escritor Graham Greene jugaba a la ruleta rusa. Hasta que se aburrió. Supongo que a partir de ese momento se convenció de que éste es un sentimiento inútil.

A un periodista puede resultarle difícil librarse de este estado de ánimo; ya sólo la lectura y seguimiento diario de las noticias es suficiente losa como para deprimir a uno, y esta semana tenemos ejemplos claros en Somalia, Noruega o México (los motivos tristes, en los últimos párrafos), por no citar a los mercados, ese ente abstracto capaz de amargarle el día no ya a un periodista, sino a cualquier testigo de estos tiempos.

En todo caso, hay que arriesgarse a padecerlo para poder contar horrores como los que he citado, e incluso también mezquindades más cotidianas.

Aislarse, construirse un caparazón o una torre de marfil desde la que atisbar la realidad, no es más que un mecanismo de defensa que nos impedirá captarla y, en definitiva, comunicarla.

Aún así, no tengo muy claro que la acción sea mejor remedio. Hemingway, que fue un escritor y periodista de acción, ni siquiera se arriesgó a jugar a la ruleta rusa; fiel a su caracter, prefirió una escopeta.

Yo sí pago por este periodismo

Una mayoría del público no está dispuesta a pagar por recibir noticias que ofrecen gratuitamente emisoras de radio y televisión, incluso en sus sitios web. Se paga, o no, -al menos directamente-, por el periodismo escrito, no por el audiovisual.

Desde el punto de vista de los periodistas, se puede apreciar un panorama similar.  Habrá muchos periodistas que no tengan más remedio que redactar noticias para su lectura gratuita, pero a la mayoría, si no a todos, les gustaría escribir historias por las que al lector le  merezca la pena pagar dinero por leerlas. Y pienso que a menudo no importa tanto el alcance de la noticia cómo que esté bien contada.

Un ejemplo de lo que digo: Cogemos los mismos hechos y con ellos, el periodista que escribe noticias y noticias y noticias, escribe éste texto puramente informativo.
En cambio, el periodista que escribe, que construye con esos mismos hechos historias que conmueven, compone éste otro.

Sinceramente, me gustaría que me dejaran escribir este tipo de periodismo. Y como lector, sí que estoy dispuesto a pagar un precio por leerlo.

Por cierto, esta información es de hace algo menos de un año. En el primer caso, es una noticia caducada, en el segundo es un reportaje que no parece desgastado por el tiempo.

La imagen (la cima del Champaquí, lugar de los hechos) es de Gustavo Durán/flickr.

Paco de Lucía en time lapse

En este curioso vídeo se puede ver, en time lapse, cómo se  instala y cómo se desmonta toda la estructura escénica de un concierto del músico Paco de Lucía, así como parte del ensayo y actuación con su banda.

Las imágenes fueron tomadas en el Festival Internacional de Jazz de Vancouver, en el que Paco actuó el 3 de julio. El programa del festival dice de él que “se ha convertido en una leyenda viva de la guitarra flamenca”. Los precios del concierto rondaron entre los 68 y los 78 dólares canadienses (entre 48 y 55 euros apróximadamente).

El video está realizado por james09james

El periodismo independiente según Günter Grass

Nuestra sociedad occidental tiene los suficientes puntos ciegos para justificar el trabajo de cualquier periodista que quiera enfocar hacia esas zonas oscuras su linterna. Quienes no lo hagan deberían leer la conferencia que el escritor  Günter Grass ofreció hace unos días a los periodistas alemanes. Sentirán el látigo verbal de un Premio Nobel que tiene una conciencia crítica sobradamente demostrada.

Pero una cosa es una crítica acerada y otra muy distinta, poner en práctica la tarea que reclama de informar de manera independiente. The Guardian lo ha hecho con el consorcio Murdoch y ha beneficiado al interés público. Pero cada empresa periodística necesita su propia autocrítica profesional y editorial.

Una investigación y cobertura como la seguida durante 17 días por el periódico británico debe ser la envidia de cualquier director y también de cualquier editor de medios de comunicación. O debería serlo.

El suplemento Domingo de El País, que dedica hoy una amplia cobertura al escándalo de los tabloides britanicos casi de forma monográfica, tiene el acierto de incluir este texto de Günter Grass para recordarnos, y supongo que para apuntárselo entre sus tareas como medio de comunicación que se vanagloria de ser independiente, cuál es la función del periodismo en estos tiempos que corren.

Si The Guardian ha sido capaz de enfrentarse a una empresa todopoderosa, ¿Quién tiene miedo de enfocar su linterna a las cuestiones que plantea el escritor alemán?.

La fotografía es de Christoph Müller-Girod/Flickr

Historia de los rotuladores (de películas)

Georges Méliès, Saul Bass, Maurice Binder, Stephen Frankfurt, Pablo Ferro, Richard Greenberg, Kyle Cooper, Danny Yount son nombres de rotuladores,  profesionales que diseñan las secuencias de los títulos de crédito de las películas,  una sucesión de imágenes capaz de hipnotizar al espectador desde que empieza la proyección.

Jurjen Versteeg, estudiante de diseño audiovisual de la Academia Willem de Kooning de Rotterdam (Holanda), ha querido rendirles un pequeño homenaje en su proyecto de graduación, una secuencia de títulos de crédito para un documental sobre la profesión. Pasen y vean.

Más información, en su sitio web.