Zorrilla, Poe y el sexo de los ángeles

En toda época y todo lugar hay que discutir del sexo de los ángeles. A mí me gusta José Zorrilla, pero aún más Edgar Allan Poe. Respeto a mis difuntos, pero me encanta ver a mis hijos reir y disfrutar colocando fantasmas, murciélagos y calabazas de cartulina en las ventanas.
En cualquier caso, la innovación no es otra cosa que la transformación de lo que ya existe en algo nuevo, como se vé en la imagen de Neal Gillis/flickr.


Visto en Urlesque.

Acceder a internet en el tren o en zonas rurales

Acabar con las enormes diferencias que existen en el mundo en la capacidad de acceder a los beneficios de internet es, antes que nada, una cuestión de educación. Sin embargo,  en buena medida también depende de la existencia de infraestructuras tecnológicas capaces de ofrecer acceso a la red desde cualquier lugar, ya sea un tren en marcha o una zona geográfica apartada del sistema general.

De éstas dos últimas posibilidades, acceder a internet en el tren o en zonas rurales, habla este reportaje de Euronewses.

Unos versos de Miguel Hernández

Unos versos de Miguel Hernández…

SEPULTURA DE LA IMAGINACION

Un  albañil quería… No le faltaba aliento.
Un albañil quería, piedra tras piedra, muro
tras muro, levantar una imagen al viento
desencadenador en el futuro.

Quería un edificio capaz de lo más leve.
No le faltaba aliento. ¡Cuánto aquel ser quería!
Piedras de plumas, muros de pájaros los mueve
una imaginación al mediodía.

Reía. Trabajaba. Cantaba. De sus brazos,
con un poder más alto que el ala de los truenos,
iban brotando muros lo mismo que aletazos.
Pero los aletazos duran menos.

Al fin, era la piedra su agente. Y la montaña
tiene valor de vuelo si es totalmente activa.
Piedra por piedra es peso y hunde cuanto acompaña
aunque esto sea un mundo de ansia viva.

Un albañil quería… Pero la piedra cobra
su torva densidad brutal en un momento.
Aquel hombre labraba su cárcel. Y en su obra
fueron precipitados él y el viento.

…por sugerencia de DesEquiLIBROS.

Jesus Maraña, las urnas y el periodismo

El director del diario “Público”, Jesús Maraña, recuerda que para ejercer el poder político hay que pasar por las urnas.  Porque, y tiene mucha razón, no es legítimo pretender hacer política desde un medio de comunicación.

Aunque no nombra a nadie, sus alusiones me recuerdan a directores de periódicos que han ejercido su función convirtiéndose ellos mismos en foco de atención de los medios, como el ex director de “El País”, Juan Luis Cebrián, y el director de El Mundo, “Pedro J. Ramírez”, por citar a dos  que se ajustarían a a ese perfil como un guante. Es mi opinión, claro. Igual a los lectores se les viene a la mente alguna figura más.

Maraña ha participado hoy en el Foro de la Nueva Comunicación con una conferencia en la que ha hablado de los retos a los que se enfrenta el periodismo pero, sobre todo, de la relación entre política y periodismo, y entre políticos y periodistas.

Sostiene Maraña que “hay periodistas que no toleran que los políticos actúen en contradicción con sus sermones o intereses, como hay políticos que no soportan una crítica de su actuación. Para ejercer el poder político hay que pasar por las urnas, y eso vale para los financieros, los empresarios, los periodistas o los editores”.

La noticia en “Público”, y la intervención íntegra de su director.

La fotografía es de Angel Navarrete/Público.

Los medios y la educación política

Afirmar que los políticos son un problema es una manera bastante habitual de generalizar sobre la clase política. De un tiempo a esta parte es una apreciación bastante popular e incluso las encuestas reflejan un estado de opinión favorable a compartirla.

El analista político Josep Ramoneda se preguntaba este miércoles en una entrevista con los lectores de El País “¿por qué hay tanta gente competente que no quiere meterse en la política? La respuesta fácil es que está mal pagada. Es cierto, pero es insuficiente. ¿Por qué la política no tiene el prestigio social que tuvo en los primeros años de democracia? Los partidos han fallado
en sus funciones principales: representación y selección del personal”. Tiene mucha razón.
Ahora bien, ¿qué hacemos?, porque decir que los políticos son un problema es seguir desacreditando la política y si damos por muerta a la política, ¿quién nos gobierna? ¿un dictador? ¿los mercados? ¿que cada individuo se gobierne a si mismo?.

A mi entender, sólo cabe la mejora de la clase política y de su actividad, pero creo que no puede hacerse desde la propaganda, sino desde una crítica directa a personas concretas y a determinados comportamientos, sin extraer conclusiones aplicables al conjunto de la clase política.

Es decir, utilizando la crítica para poner en la picota a aquellos políticos que sí son un problema o pueden convertirse en un problema, por ejemplo, por estar corrompidos, o por su incompetencia, o por desidia.

Por eso me cabrea encontrarme cada día en los periódicos columnas que generalizan sobre la actividad política, sin concretar, sin argumentar y sin valorar las consecuencias negativas que tienen en la opinión pública este tipo de opiniones hechas sin rigor y sin criterio periodístico.

Creo que los ciudadanos nos merecemos unos críticos que no sean amables con el poder, pero que a la vez eviten la demagogia y el populismo propios de hacer una generalización de comportamientos o actitudes inaceptables.

Esto no es más que una cuestión de educación política a la que contribuyen decisivamente – así lo afirman un día sí y otro tambien las organizaciones de periodistas- los medios de comunicación.

Pero para cumplir esta función social, los primeros que deben tener un mínimo de educación política son los periodistas. Pienso que la mayoría la demuestra en su actividad diaria, lo que no evita que todavía existan algunos que no, bien por ignoracia, bien por mezquindad o bien por malicia.

Imagen: Portada de la revista Life del 28 de septiembre de 1928.
Vista en We love typography.

La Irlanda de Heinrich Böll

“Pásese por el puerto de Dublín y fíjese bien lo que exporta Irlanda: niños y curas, monjas y galletas, whiskey y caballos, cerveza y perros…”.

Tuvo que ser decepcionante la primera impresión de Heinrich Böll cuando en el ferry que le acercaba al puerto de Dun Laoghaire una fría madrugada de 1959 escuchaba frases como ésta que una emigrante de regreso al pueblo le contaba al cura con el que compartía asiento. Y las sucesivas impresiones que tuvo en su penoso viaje hasta llegar Westport (co. Mayo), en el oeste de la Irlanda, fueron del mismo jaez, a tenor de la crónica de éste país que va relatando en su Diario irlandés.


Para ser justos, si bien esa es la descripción de aquellos primeros días de estancia, el lector también encuentra en el tono y la estética una inmensa ternura que comparten a partes iguales el narrador y los personajes que van desfilando por las pequeñas crónicas que componen el libro.

Böll, en aquellos años testigo de una Alemania que se reconstruía del desastre del nazismo a una velocidad vertiginosa (al menos en los que la actividad económica se refiere, otras heridas tardaron mucho más tiempo en curarse y esa cicatriz también aparece en estas páginas), se sorprendía de la calma oceánica con la que los irlandeses se tomaban la vida. Y ello a pesar de que dos de cada tres hijos de una familia normal estaban obligados a emigrar porque la economía familiar no daba para alimentar más bocas y la tierra, en gran parte un pantano esteril, no producía más que carbón vegetal en grandes extensiones de turberas salpicadas de cantos, pedruscos y agua.

El carácter irlandés es parejo al lugar en el que viven, sencillo y tosco, pero también está impregnado de esa  belleza propia de la naturaleza virgen. Son buena gente, y Böll lo refleja con maestría en ésta
crónica de Irlanda a finales de los 50,  que también es un relato de su miseria.
Quién halla estado en Irlanda compartirá esta impresión. En todo caso, siempre se puede recurrir a la cita que el autor sitúa, a modo de prevención, en la primera página del Diario: “Esta Irlanda  existe, pero el autor no se hace responsable si alguien va allí y no la encuentra”.

El progreso, el desarrollo, el avance económico, el contacto con decenas de miles de europeos que acuden año tras año a la isla han transformado un paisaje aspero y curtido por la escasez y la pobreza en un territorio acogedor y atractivo. ¿Ha perdido por ello vigencia la obra del escritor alemán? Apuesto a que no. La literatura de viajes no consiste sólo en construir un retrato geográfico, también es una fotografía política y el relato instantáneo y preciso del país que se visita.

La imagen, una carretera del condado irlandés de Connemara, es del flickr de René van Linden.

Conócete a tí mismo, en el periódico

Más allá del sentido que la compañía Ogilvy & Mather pretendía darle a este anuncio, insinuar al lector que se tome tiempo para sí mismo y lo dedique a leer el periódico, me ha gustado el lema: You will find yourself!, te encontrarás a tí mismo. Un reto por el que merece hacer un periódico todos los días: que sus lectores se reflejen en él.
Casi casi que se atreven a insinuar al lector la famosa inscripción del templo de Apolo “nosce te ipsum”, conócete a tí mismo.
El periódico Zaman -tiempo en turco- tiene circulación en Turquía, y la compañía que ha elabrado la campaña, lanzada este octubre,  es Ogilvy & Mather en Estambul.

Existe también una versión masculina.

La primera máquina de escribir

Esta que ven aquí a la izquierda pasa por ser la primera máquina de escribir que se vendió en el mundo, la Hansen writing ball, en 1870. Su inventor fue el reverendo Rasmus Hans Malling Johan Hansen, director y profesor de una escuela para sordos y mudos en Copenhague que pretendía que sus pupilos se comunicaran con un aparato como éste. Antes de ponerla a la venta estuvo cinco años probando con distintos modelos hasta dar con la tecla.

Para otros la primera que se fabricó con una finalidad comercial fue ésta otra la Sholes Glidden, construida por vez primera en 1877 en Estados Unidos por la compañía Remington & Sons y de la que se vendieron miles de unidades. Con una como esta parece ser que escribía Mark Twain, si bien los amantes de estos venerables aparatos también afirman que Frederic Nietsche utilizó para escribir una Hansen ball.

Pueden leer la historia de ambas en el Museo virtual de las máquinas de escribir, dónde encontrarán decenas de ellas, a cuál más bella e ingeniosa.

Pero, si lo que de verdad le apasiona son los ordenadores antiguos, el museo virtual de computadoras obsoletas es igualmente delicioso.

Porque el tiempo pasa igual para todo el mundo, ¿no?.