Las invocaciones a la gente, a lo que la gente desea como norte de la actividad pública, han abierto las puertas a la demagogia como legitimación última de cualquier iniciativa.
Si un partido adopta un programa, sea desde la oposición o desde el Gobierno, es sólo porque lo espera de él la mayoría de sus votantes. Lo mismo que si un medio de comunicación pone el énfasis en una u otra noticia. O si un escritor o un artista se inclina por un tema o por otro, que debe desarrollar de manera lo suficientemente convencional como para que nadie se tropiece con las dificultades de lo original o lo imprevisto.
José María Ridao En el café de Chinitas
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Esa invocación a la que hace referencia Ridao está muy a menudo en boca de los periodistas, que interpretamos con una facilidad pasmosa los gustos y deseos de los lectores. Es como un nuevo, y pernicioso, mesianismo. Saludos
Puede ser mesiánico y pernicioso según y cómo, Guillermo. A veces es difícil distinguir la demagogia y en más de una ocasión cualquier persona con una actividad pública invoca a su público para justificar un determinado discurso; es complicado marcar los límites.
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