Cuando era niño sabía que había empezado el día no por la luz o el ruido de los coches en la calle, sino porque escuchaba el sonido de la radio encendida en la cocina, donde el madrugador de la familia preparaba café.
Casi cuarenta años después soy yo el madrugador que sigue encendiendo la radio antes de que salga el sol. Aunque simultáneamente estoy conectado a internet, intuyo que los demás miembros de la familia empiezan a descubrir en qué momento del día empieza la jornada.
La fotografía se puede ver a mayor resolución en mi Flickr.
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Es una experiencia que vivimos muchas personas a diario. Despertarse con el sonido de la radio, desayunar, conducir… son hábitos que nunca se pierden. Sin embargo, no soporto la radio comercial. Siento que me saca más que me aporta, y además a veces tiene la facultad de cabrear. Saludos
Lo que dices de la radio comercial es cierto. También me pone de los nervios, aunque en general lo soporto bien. saludos.