Gracias a la completísima oferta cinematográfica que existe en esta provincia -y es en situaciones como estas en las que la palabra provincia adquiere su verdadera dimensión y significado-, para ver películas como Sicko hay que esperar a que tu videoclub la traiga como novedad, algo que no siempre ocurre. Ha habido suerte.
La película, aunque estrenada hace dos años, tiene plena actualidad por el duro debate que se está desarrollando en Estados Unidos en torno a la reforma sanitaria que trata de sacar adelante el presidente Barack Obama.

El antecedente más próximo, que relata Michael Moore en este documental, fue la reforma que intentó Clinton y que encargó a su mujer, Hillary, hoy secretaria de Estado: la industria aseguradora médica gastó 200 millones de dólares para tumbar la propuesta de reforma con argumentos como que se pretendía implantar una sanidad socialista, que implicaba un control excesivo del Estado sobre la salud de los ciudadanos o que los médicos no recibirían salarios dignos.
Cuando pienso en el sistema sanitario estadounidense pienso en las personas que no tienen derecho a asistencia por carecer de seguro, 50 millones dice Moore. Es sabido que el seguro médico forma parte de la retribución salarial que da la empresa y que se acaba al quedar en el paro. Por eso me ha sorpredido que Sicko no trate de esas personas; trata de los 250 millones de norteamericanos que sí tienen seguro. Y el panorama que se intuye al ver el documental es desolador.
La película -tiene duración de largometraje, aunque no lo parece- no cae en la trampa de hacer un relato continuado del dolor de algunas de las víctimas de un sistema tan viciado como éste (la lista de enfermedades y servicios excluidos de las prestaciones de los seguros es bastante larga, pero sólo se descubre al leer la letra pequeña, según se ve), aunque tampoco oculta su existencia. Su mayor virtud es el sarcasmo que Moore despliega al retratar algunos aspectos del funcionamiento de los servicios sanitarios y la comparación que hace con los existentes en el Reino Unido y Francia, ambos públicos y universales.
Si no la han visto, no se la pierdan.
Y mientras, esperaremos el estreno -en Cádiz, en videoclub si hay suerte- su nuevo trabajo “Capitalismo, una historia de amor”.
Polémicas laterales aparte, la nueva película promete.