Tomar fotografías no es un crimen. Soy fotógrafo, no terrorista. Ambos lemas corresponden a dos campañas lanzadas en las últimas semanas en el Reino Unido por las restricciones previstas en la legislación antiterrorista a la actividad de tomar imágenes de lugares públicos.
En la primera de estas campañas, más de 1.200 fotógrafos profesionales y aficionados se han unido a un grupo creado ex profeso en Flickr para protestar contra estas restricciones.

En el Reino Unido desde 1911 está prohibido hacer fotografías de establecimientos militares, aeropuertos y centros de comunicaciones, en una legislación que podía ampliarse en caso necesario a todas las infraestructuras públicas, incluyendo canalizaciones de agua, carreteras o vías ferroviarias.
Lo habitual en otros países, incluido España, dónde tampoco se pueden tomar fotos en conciertos, museos o centros comerciales, aunque no tanto por cuestiones de seguridad como comerciales o patrimoniales.
La nueva legislación, se quejan los fotógrafos británicos, es lo suficientemente ambigua como para que pasen hechos como éste. De ahí las protestas. No en vano, te pueden caer hasta diez años de cárcel por recoger o poseer información que pueda ser usada con fines terroristas. Quien haya tomado las fotografías debe tener una “excusa razonable” para su posesión, dice el acta antiterrorista británica. Ahí radica su ambigüedad y por eso los fotógrafos consideran que la legislación implica una limitación de la libertad de expresión.
La situación se ve agravada además, apunta en su blog el editor fotográfico de la web de la BBC, por la proliferación de cámaras digitales y de personas usándolas en cualquier lugar del planeta. Todos podemos ser sospechosos con solo levantar la máquina de fotos durante nuestro viaje de vacaciones.
Por mi parte, no tengo una posición muy clara: todos queremos vivir seguros y también queremos disfrutar tomando las fotos que nos apetezcan. No sé qué decir al respecto. Si algún lector lo ve más claro, se agradecen los comentarios.