“Llorá
pero no olvides”, termina un célebre poema de Mario Benedetti en el que un padre encarcelado y torturado le habla a su hijo. Y una fecha tan señalada como hoy me acuerdo siempre de éste poema. Me acuerdo sin querer acordarme, es algo involuntario, lo juro.

Pero no quiero que vean ésta última frase como una justificación ante esa idea que defienden muchos paisanos de que es mejor olvidar y no remover nuestra historia común como españoles. La concordia… el perdón… el olvido…la convivencia pacífica…el diálogo entre iguales… ¿Cuántos mitos se han creado en éste país desde la muerte del general que se alzó en armas tal día como hoy contra un Gobierno elegido democráticamente en las urnas?

Las medias verdades suelen ser dobles mentiras. Habrá muchos que puedan dormir con su conciencia tranquila aceptando todos estos mitos que han difundido –y defendido- los medios de comunicación durante los últimos treinta años y pico. También habrá quienes no puedan hacerlo, ¿por respeto a los 150.000 desaparecidos que dicen que hay?. No lo creo así. No se trata de respetar a los muertos, se trata de respetarnos a nosotros mismos como personas. Como personas que no aceptan que nos hurten una realidad que ha condicionado la vida de nuestros padres, nuestra vida y probablemente condicione, aunque de un modo distinto, la vida de nuestros hijos.

Y luego está el dolor de los familiares de tantas personas represaliadas –otra de esas palabras-cortina, que tan bien tapan el escenario a nuestra visión-, el dolor y la vergüenza de tantos años de estigma.

Está bien llorar, es muy humano, pero no se debe olvidar. Como dice el poema de Benedetti “porque es mejor llorar que traicionar, porque es mejor llorar que traicionarse, llorá, pero no olvides”.