¿Los lectores se dan cuenta cuando un periódico sale a la calle sin la mayoría de las noticias firmadas por sus autores? ¿Qué impresión les causa una huelga de firmas?
En mi caso, el único del que puedo hablar sin faltar a la verdad, la sensación es la de leer un producto desnaturalizado. Me gusta saber quién firma cada texto y cada fotografía, es la señal de su autenticidad y credibilidad.
En cambio, ese “Redacción” anónimo atribuye el texto al limbo de los olvidos perennes. Y en los pies de foto, ni eso: el vacío sideral.
En los medios de comunicación, tan comprometidos con su cita periódica con los lectores, dejar de firmar los artículos es una forma de protesta bastante elegante: lo notan los lectores fieles, pero no produce las molestias de otras acciones que todos hemos visto en muchos conflictos laborales.
El Diario de Cádiz lleva varios días vendiénsose en los quioscos sin muchas firmas. Las causas ya las expuse aquí hace unos días, y las han difundido el sindicato CCOO y las asociaciones de la prensa de Cádiz, Jerez y el Campo de Gibraltar.
Es un recurso propio de grandes medios de comunicación: en los últimos años han adoptado esta medida trabajadores de El País o Associated Press, pero también de medios más pequeños, como la Gaceta de Canarias.
La firma representa uno de los principales valores del medio; no hay periódico, estación de radio o emisora de televisión que no se enorgullezca de sus firmantes, del más famoso al más novato.
De ahí que la huelga de firmas sea una manera noble de defender la de todos y cada uno.
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Y en ocasiones, los medios disimulan el respaldo que sus redactores dan a la información: no se firma, simplemente, no se firma ni con la palabra redacción, por si así pasa desapercibido.
En el caso del Diario no es así. Y ya llevan tres semanas con el redacción por montera.