Sumergido en la lectura de Vida y Destino.
Una anotación a vuelapluma. La Unión Soviética, otoño de 1942, una reunión de amigos:
“Ah, queridos amigos -exclamó de repente Madiárov-, ¿os imagináis lo que es la libertad de prensa? Una hermosa mañana después de la guerra abrís el periódico y en lugar de encontrar un editorial exultante, o la habitual carta de los trabajadores al gran Stalin, o un artículo acerca de la brigada de fundidores de obreros que ha trabajado un día extra en honor a las elecciones del Sóviet Supremo, o las historias sobre los trabajadores de Estados Unidos que han acogido el nuevo año en una situación de desesperación por el paro creciente y la miseria, imaginad que encontráis… ¡Información! ¿Os imagináis un periódico así? ¡Un periódico que ofrece información!”
Esta conversación, según va contando Vassili Grossman, el autor de la novela, ya era un hecho subversivo en sí misma. Nada nuevo en un régimen totalitario como aquel, que se desmoronó hace apenas veinte años.
