Información y libertad de prensa

Sumergido en la lectura de Vida y Destino.

Una anotación a vuelapluma. La Unión Soviética, otoño de 1942, una reunión de amigos:

“Ah, queridos amigos -exclamó de repente Madiárov-, ¿os imagináis lo que es la libertad de prensa? Una hermosa mañana después de la guerra abrís el periódico y en lugar de encontrar un editorial exultante, o la habitual carta de los trabajadores al gran Stalin, o un artículo acerca de la brigada de fundidores de obreros que ha trabajado un día extra en honor a las elecciones del Sóviet Supremo, o las historias sobre los trabajadores de Estados Unidos que han acogido el nuevo año en una situación de desesperación por el paro creciente y la miseria, imaginad que encontráis… ¡Información! ¿Os imagináis un periódico así? ¡Un periódico que ofrece información!”

Esta conversación, según va contando Vassili Grossman, el autor de la novela, ya era un hecho subversivo en sí misma. Nada nuevo en un régimen totalitario como aquel, que se desmoronó hace apenas veinte años.

7×7 (XII)

Algunas cosas de la semana que me gustaron.

Miércoles 27: “La portada sixtina” de Diego Areso.

“(…)puede ser “la gran ida de olla del periodismo nacional de los últimos 25 años”.(…)”

Jueves 28: “La píldora postcoital, según Telemadrid” de Ignacio Escolar.

“Un ejemplo más de qué entiende Esperanza Aguirre por una televisión pública, plural y de todos. (…)”

Viernes 29: “Chechenia, la paz de los cementerios” de Juan Goytisolo.

“(…)Algunos testimonios posteriores a mi estancia en Chechenia -cerrada hasta hoy a la prensa, salvo en “visitas guiadas”- arrojan una luz cruda sobre los métodos empleados por Ramzán Kadírov para alcanzar la paz recién anunciada por el Kremlin: (…)”

El domingo que viene, más.

Huelga de firmas en el diario

¿Los lectores se dan cuenta cuando un periódico sale a la calle sin la mayoría de las  noticias firmadas por sus autores? ¿Qué impresión les causa una huelga de firmas?

En mi caso, el único del que puedo hablar sin faltar a la verdad, la sensación es la de leer un producto desnaturalizado. Me gusta saber quién firma cada texto y cada fotografía, es la señal de su autenticidad y credibilidad.
En cambio, ese “Redacción” anónimo atribuye el texto al limbo de los olvidos perennes. Y en los pies de foto, ni eso: el vacío sideral.

En los medios de comunicación, tan comprometidos con su cita periódica con los lectores, dejar de firmar los artículos es una forma de protesta bastante elegante: lo notan los lectores fieles, pero no produce las molestias de otras acciones que todos hemos visto en muchos conflictos laborales.

El Diario de Cádiz lleva varios días vendiénsose en los quioscos sin muchas firmas. Las causas ya las expuse aquí hace unos días, y las han difundido el sindicato CCOO y las asociaciones de la prensa de Cádiz, Jerez y el Campo de Gibraltar.
Es un recurso propio de grandes medios de comunicación: en los últimos años han adoptado esta medida trabajadores de El País o Associated Press, pero también de medios más pequeños, como la Gaceta de Canarias.

La firma representa uno de los principales valores del medio; no hay periódico, estación de radio o emisora de televisión que no se enorgullezca de sus firmantes, del más famoso al más novato.
De ahí que la huelga de firmas sea una manera noble de defender la de todos y cada uno.

Dibujado a dedo

Las portadas de la revista New Yorker rara vez dejan indiferentes a alguien, ya sea por su calidad artística o por su capacidad para suscitar una controversia.
La de ésta semana está siendo repicada porque su autor la ha dibujado a dedo con una aplicación del iphone llamada brushes.
La revista neoyorkina publica una reseña sobre éste hecho y, lo más interesante, un pequeño vídeo en el que se ve cómo su autor, el artista portugués Jorge Colombo, la ha dibujado.

isketch106-6x_hr_550 by Jorge Colombo

En su web, Colombo incluye otros dibujos de Nueva York, como éste que copio y pego aquí. Parte de su belleza radica en su sencillez y en la ambigüedad de sus trazos.
También observo en ésta historia un ejemplo de cómo dos marcas internacionales tan potentes son capaces de reforzarse y complementarse mutuamente para vender, a la vez, productos tan distintos como son un teléfono móvil y una revista de pensamiento, actualidad y cultura.
Bien es cierto que ambos productos tienen un caracter icónico muy fuerte para determinados grupos de población.
Que un medio de comunicación como New Yorker sustente su prestigio en la calidad es algo que todos dicen y pocos hacen, por eso no quería dejar pasar la ocasión de reflejarlo en éste diario.

Me enteré por  Journalism.co

Carles Francino y la precariedad

Carlos Francino, presentador de Hoy por Hoy en la SER, se ha sometido a las preguntas de los oyentes.

“P. Hola Carles! Soy una compañera periodista. ¿Qué opinas de la precariedad laboral que acompaña a nuestra profesión y que ahora se ve agravada por la crisis económica? ¿Dónde crees que radica el problema? ¿Dónde crees que podría estar la solución? Enhorabuena por tu trabajo. Es un placer escucharte todas las mañanas.

R. Hola Liv, la precariedad es una mierda y uno de los principales enemigos de nuestra independencia. Creo que a muchos grupos (políticos, económicos, deportivos, etc) ya les da bien una generación de periodistas puteados. Y también creo que a la mayoría de empresas les falta un plus moral en su gestión para preservar esa independencia. No somos sólo una cuenta de resultados ni una fábrica de churros. Trabajamos con material sensible y cumplimos una función social, como el médico, como el maestro… Aunque ellos también andan bastante jodidos. Vendrán tiempos mejores. Ánimos y besos!”

La entrevista digital completa puede leerse aquí, y un resumen elaborado por la SER aquí. Atención a la respuesta sobre ruedas de prensa sin preguntas.

Si todos los periodistas renombrados de éste país fuesen tan claros como Francino a lo mejor otro gallo nos cantaría. ¿O no?

Un vistazo a la evolución del medio

Durante buena parte de su existencia los periódicos fueron un medio que se consumía colectiva y simultáneamente en cafés y tertulias. La persona instruida leía las noticias en voz alta para los que no sabían. Había discusiones acerca de las noticias publicadas en cada edición.
Hacía siglos que la transmisión de noticias se hacía a viva voz a un grupo de personas que se reunía en torno al viajero, comerciante o soldado y es de suponer que provocarían debate y comentarios. Esto era ya así mucho antes de que aparecieran Herodoto, Tucídides y Jenofonte.
Con el tiempo, en las calles y plazas ya se colgaban pasquines, escritos que se leían y comentaban en grupo. Luego vino el periódico y, tras esa época de lectura colectiva, pasó a leerse de manera individual.
La invención de la radio trajo la escucha en grupo: la familia o los residentes en una pensión se reunían en torno al aparato para oír las noticias. De aquellas tertulias familiares o en la casa de postas vienen las actuales tertulias radiofónicas.
Ahora la radio se oye de manera individual salvo que uno viaje en grupo en coche o en autocar.
La televisión ha tenido el mismo recorrido. Aún pervive el grupo que ve las emisiones y las comenta pero, con la proliferación de aparatos en la vivienda, el consumo es cada vez más individual y, diría yo, autosuficiente.
En internet confluyen todos los medios citados, simultáneamente y, llamémoslo así, en “modo memoria” (ya sí es posible volver a escuchar o ver lo emitido en radio y televisión, al menos en parte). El consumo también es colectivo, aunque sin necesidad de presencia física, y objeto de debate en la red.
Al igual que ocurrió con el periódico de los cafés y tertulias, una insuficiente instrucción en el manejo de herramientas digitales bloquea por el momento su generalización. También hay limitaciones económicas de acceso como las hubo en sus comienzos para acceder la radio y televisión.
Vistos los antecedentes, cuando el uso de internet sea general ¿será también personalizado? ¿Se perderá el carácter colectivo que han tenido periódicos, radio y televisión?