Hubo un tiempo no muy lejano en el que uno de los mejores momentos del domingo era el de sentarse a leer los periódicos del día con una taza de café y unos bollos en el salón (en invierno) o con una cerveza fresquita en una terraza del paseo marítimo (en primavera).
Los primeros minutos del día estaban impregnados de una curiosidad acuciante y de la necesidad de bajar al quiosco a comprar la prensa.
De un tiempo para acá esos primeros minutos se agotan en el tiempo que tarda en encenderse el ordenador. Desde esta pequeña pantalla se le echa un vistazo a los sumarios de los periódicos (algunos siguen teniendo a primera hora los contenidos del día anterior; triste), para encontrar algunos asuntos interesantes (hoy este, este y este son tres buenos ejemplos).
Después toca acceder al reader que cada cual prefiera, como el de Google, por ejemplo, que está muy bien.
Cada lector ha elegido sus fuentes informativas y tiene ante sí lo que ha dado de sí cada una de ellas. Siempre hay asuntos interesantes que no aparecen en los periódicos. Y siempre hay caminos que seguir (links, enlaces) para descubrir nuevos temas.
Esto es tan real como que ahora la curiosidad acuciante ya no es por leer las historias que trae el periódico de papel, sino por leer en la red las últimas noticias, las que saldrán en el periódico de mañana, o por leer lo que otras personas, periodistas o no, han escrito y ofrecido para su lectura a los navegantes.
Siempre es sugerente la realidad de los hechos cotidianos, por eso no es de extrañar que los ciudadanos quieran contar sus impresiones o su conocimiento sobre los mismos. Es un fenómeno que rompe con la pasividad y que fortalece la democracia. La educación y los propios navegantes tienen el reto de enseñar a distinguir las islas de los espejismos.
En algunos sitios hay conversaciones interesantes, no hay insultos ni exabruptos, y merecen una lectura más sosegada para poder participar también en la conversación.
Cuando te das cuenta se te echa la hora encima y recuerdas que hay que bajar a comprar el pan antes de que cierre la tienda, que los domingos sólo abre por la mañana. Compras ese bien de primera necesidad y, como te coge de camino, entras en el quiosco a comprar la prensa escrita.
Al echarle un vistazo todo te suena a antiguo y visto el día anterior. No se puede descartar alguna sorpresa de vez en cuando, pero cada vez más espaciada en el tiempo, como una luz intermitente que se va alejando en la oscuridad.
1 Febrero, 2009
Reader
Posted by Santiago under Periodismo, audiencia, blogs, derecho a la información, libertad de expresión, periodismo ciudadano, periodistas, periódicos | Etiquetas: Periodismo |[2] Comments
1 Febrero, 2009 at 1:38 pm
Santi, me temo que muhcos seguirán el camino que el emprendido por el BOE.
Suelen agradecerse los detalles y supongo que a estas alturas no hace falta, gracias por todo. Saludos.
2 Febrero, 2009 at 9:02 pm
Sí. Parece además que ya sólo es cuestión de ponerle fecha, más o menos alejada en el tiempo según esté más o menos preparado para lo que se avecina quien se aventura en el pronóstico.
Saludos.