Siempre tendré un agradecimiento infinito a la invención de los blogs y, requisito previo imprescindible, a la aparición de internet. Mención especial me merecen los creadores de las plataformas gratuitas de publicación como ésta que utilizo, WordPress, y otros sistemas de publicación online.
Para mí, en particular, es una gran satisfacción poder compartir públicamente lo que pienso y saber que hay personas a las que le interesa y la satisfacción es doble por saber que nadie puede impedirme escribir por razones de alcurnia familiar, origen, sexo, religión, o por motivos ideológicos, por citar algunos ejemplos más o menos habituales, queramos o no reconocer que limitaciones como esas  existían hasta hace muy poquito tiempo.
Hay además una cuestión en todo esto que me alegra cada vez más: hay bloguers que nunca antes habían escrito para periódicos ni publicado libros y sin embargo son leídos por muchas personas, desde unos pocos hasta incluso millones. No voy a citar ejemplos, son harto conocidos.
No estoy condenado al silencio; mejor dicho, no estamos condenados al silencio, como ocurría antes de Internet: la red rompió las últimas mordazas. Nos gusta compartir palabras.  El reto ahora es conseguir que sea accesible a todos los ciudadanos del mundo y no sólo a unos pocos.

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