Estoy deseando que llegue el 10 de marzo, para ver qué hacen y qué dicen todos esos que ahora se llenan la boca criticando la falta de libertad de prensa o de expresión.

La libertad de prensa, la libertad de expresión, como todas las libertades públicas y derechos civiles se construyen día a día y se defienden día a día. Es un espacio que, una vez conquistado, no debe ser invadido por quienes sólo creen en ellas de boquilla, cada cuatro años, por ejemplo.

Los periodistas defienden este espacio principalmente de dos formas:

Individualmente: Con su trabajo diario, un trabajo honesto, profesional y ético: contrastar fuentes, descartar información inútil, comprobar la información que ofrecen las notas de prensa, por ejemplo, es parte de ese trabajo.

Colectivamente: Cada editor tiene su librillo y su propia línea editorial, pero no conozco a ninguno que desprecie la defensa de los valores que caracterizan más profundamente a su negocio, que son precisamente la libertad de prensa y la libertad de expresión. Y cada editor dispone para ello de un conjunto de periodistas, de profesionales, para ofrecer a los lectores la información veraz a la que estos tienen derecho. Como decía el periodista neoyorkino Abbott J. Liebling “la libertad de prensa sólo esta garantizada a los propietarios de los diarios”.

Hay otras maneras de defender la libertad de prensa, también de forma individual y colectiva, pero ya saldrán en otro momento en este diario, también después del 9-M.