La Audiencia Nacional ha revocado el auto de procesamiento de los militares que dispararon un tanque contra el Hotel Palestina de Bagdad matando al cámara de televisión José Couso hace cinco años, argumentando que se trató de un acto de guerra, según leo en La Voz de Cádiz digital.

Uno de los magistrados, Jose Ricardo de Prada, ha emitido un voto particular cuestiona el argumento de que la muerte del periodista se haya producido en el marco de un acto de guerra porque, a su juicio, ésto da a entender que en la guerra “no hay normas que regulen las conductas de los combatientes ni protejan a las víctimas civiles y que en ella casi todo es incontrolable y posible”.

En cambio entiende que “cuando menos cabe apreciar un ataque intencional, indiscriminado y desproporcionado contra objetivos civiles”.

La causa sigue abierta y el asesinato de Couso, que murió junto al periodista ucraniano Taras Protsyuk, y del sigue impune.

Más información: www.josecouso.info

Diputadas españolas de PP, CiU, PSOE y UPyD se han solidarizado con los periodistas y presos de conciencia cubanos encarcelados desde hace cinco años en la llamada Primavera Negra de Cuba.

Han firmado y enviado una carta a las Damas de Blanco, mujeres familiares de los encarcelados, manifestándoles su solidaridad y pidiendo la libertad para los encarcelados. Entre otras cosas, la carta dice que: :

“Como diputada en las Cortes Generales y representante, por tanto, de miles de españoles, no quiero dejar pasar esta oportunidad para mostrar mi más profunda solidaridad con vosotras y solicitar la inmediata liberación de los presos de la Primavera de Cuba: periodistas, bibliotecarios, pedagogos, activistas de derechos humanos que siguen condenados por ejercer libremente su profesión.”

Vía Periodistas-es: “Diputadas españolas muestran su solidaridad con las Damas de Blanco tras la represión sufrida en Cuba”

Pocas veces he leído o escuchado unas palabras más lúcidas sobre la profesión periodística que las pronunciadas por el nuevo decano del Colegio de Periodistas de Galicia, Xosé Manuel Pereiro, en su toma de posesión.

Los periodistas “sabemos que tratamos con una mercancía cada vez más cotizada, pero cada vez más desvirtuada. Cada vez distribuimos más datos que conocimiento, con más volúmen que precisión y con más profusión que reflexión. Y nos asalta la tentación diaria, que no siempre conseguimos rechazar, de dar un servicio de la misma calidad que la cantidad que nos dan por ofrecerlo”.

El discurso completo, “Bartleby o xornalista”, puede leerse en el web del Colegio y un resumen en “Periodistas-es”.

Muchas veces los periodistas nos tragamos la burra como si tal cual. La mejor receta para evitarlo es aplicar a nuestro trabajo un poco de sentido común.

Sirva como ejemplo una anécdota: durante el juicio del asalto al edificio Watergate, uno de los periodistas que investigó el asunto, Bob Woodward, fue a las sesiones del jurado sólo para tratar de obtener alguna pista o información nueva, mientras otro redactor del Washington Post cubría el juicio.
Durante la exposición del fiscal Earl Silbert, Woddward reflexionaba mientras los demás tomaban notas:

“Mientras Silbert iba exponiendo su tesis de una conspiración delictiva de poco nivel, Woodward estaba sentado entre los demás periodistas que tomaban notas furiosamente. No tenía que escribir la información del juicio y, por tanto, podía dedicarse exclusivamente a reflexionar sobre lo que Silbert estaba diciendo.

Recordó una lección aprendida en su año de novato en Yale. Su profesor había ordenado a los estudiantes que leyeran determinados documentos medievales sobre la famosa visita de Enrique IV a Canossa para pedir perdón al Papa Gregorio. De acuerdo con estos documentos, el rey había esperado descalzo, sobre la nieve, fuera del Vaticano, durante varios días. Woodward se había tragado todos los documentos, tomó notas y basó su escrito en los hechos en los que coicidían la mayor parte de los testigos. Todos atestiguaron que Enrique IV había estado allí, con los pies descalzos sobre la nieve, durante varios días.

El profesor suspendió a Woodward porque no había dado muestras de sentido común. Ningún ser humano podía estar durante días con los pies descalzos sobre a nieve sin que estos se congelaran, dijo el profesor. “El derecho divino de los reyes no llega hasta el extremo de violar las leyes de la naturaleza y del sentido común”.

La anécdota está extraída literalmente del libro “El escándalo Watergate” (All the president’s men es su título original) escrito por los periodistas Carl Bernstein y Bob Woodward.

El periodista gaditano de adopción Chapu Apaolaza, que ha estado apartado de la blogopedia durante algunas semanas debido a una lesión, retoma su actividad Nadando con chocos. Saludos desde este rincón.

Nos relata la historia del cierre de El Duende de Tarifa en “Cuando un periódico se va”:

“No es lo mismo que cierre una cabecera número, movida por intereses de banqueros o constructores, de esas que ‘pilla el dinero y corre’ a que se te muera una idea, que duele más”, dice.

Y no le falta razón. Siempre es triste el cierre de un periódico y cuando se hace así, más aún.

Pocas veces tendremos los periodistas que trabajamos en Cádiz la oportunidad de recibir en nuestra casa a una periodista mundialmente reconocida por su trabajo. Un trabajo por el que unos desgraciados han puesto precio a su cabeza y por el que han intentado coaccionarla desde el poder para no informe sobre la red de pederastia tejida en México en la que están encartados un grupo de empresarios y políticos.

Ella se llama Lydia Cacho y estará el miércoles a las 20:00 horas en la Asociación de la Prensa de Cádiz presentando su último libro, “Memorias de una infamia”, en el que relata lo que ha tenido que soportar desde que denunciara públicamente la existencia de esta red delictiva en su país.

Un grupo de amigos de la periodista mantiene vivo un blog que recoge los hechos más relevantes de su vida diaria, que ella desea que se convierta en una vida normal y en su país a pesar de los ofrecimientos que le han hecho para exiliarse, a lo que se niega.

En una reciente entrevista en El Periódico de Catalunya dice que quienes la persiguen “quieren que me retracte del contenido del libro y la historia se quede aplastada como millones de historias en México”.

Desde aquí le deseo que no lo consigan y que su vida, la vida de una periodista valiente, vuelva a la normalidad lo antes posible.

No es inusual ver en los medios de comunicación las expresiones “fuentes bien acreditadas” o “fuentes dignas de todo crédito” para referirse a la/s persona/s que han contado los datos de la información al reportero/a y que no desean ser identificadas por la razón que sea. Sin las fuentes anónimas no serían posibles muchas informaciones periodísticas. La expresion “acreditadas” o “dignas de todo crédito” sobra, porque a ningún periodista se le ocurre informar de algo con fuentes que no tienen credibilidad, ¿verdad?.

En todo caso me quería referir al crédito de las fuentes que no son anónimas: Hay personas que ofrecen datos al periodista y a las que no les importa ser identificadas por su nombre, apellidos e incluso su imagen. Pero ¿cómo sabe el periodista que son dignas de crédito y que no van a mentir?. Lo más habitual es contrastar los datos que nos ha proporcionado con los de otras personas que suponemos conocedoras de los hechos para descartar aquellos que sean falsos o imprecisos. Esto lleva a veces su tiempo y supone un considerable esfuerzo. A veces creemos que la fuente tiene todo nuestro crédito y damos por sentado que lo que dice es cierto.

Quizá la fuente anónima más famosa de la historia del periodismo sea William Mark Felt, conocido como “Garganta profunda” en la investigación del escándalo Watergate en Estados Unidos y cuya identidad no se conoció hasta casi 30 años después, en 2005.

En esta investigación del Washington Post, los periodistas Carl Bernstein y Bob Woodward pedían la versión de la casa Blanca o del Comité para la Reelección del Presidente Nixon antes de publicar cada artículo y, sistemáticamente, cuando las fuentes de la información eran anónimas, la respuesta oficial era que las informaciones estaban basadas en “rumores”.

Cuando por fin pudieron tener a una fuente que aceptaba ser identificada, el abogado Larry Young, hubo que acreditar su solvencia:

“Se presentó también otra pega: Meyers había descrito a Young como abogado “defensor de radicales y asesinos de policías”. No había otra frase que fuera más capaz de hacer que se encendiera el disco rojo en el despacho de Harry Rosenfeld. El redactor jefe de la sección metropolitana dijo, llanamente, que no estaba dispuesto a poner en juego su reputación o la del “Post” basándose simplemente en la palabra de “cualquier abogado hippie”.

Por suerte, las referencias de Larry Young estaban en orden. Woodward hizo una docena de llamadas telefónicas a la costa occidental y se pasó horas hablando con miembros del Colegio de Abogados y Procuradores, que garantizaron a Young, al que describieron como un representante de la abogacía, respetado y responsable. Woodward se enteró también de la forma de vestir de Young (ropas modernas pero de buen gusto) y de la longitud de su cabello (más corto que el de Bernstein). Después de eso Rosenfeld se mostró satisfecho”.

Los párrafos están extraidos del libro que Bernstein y Woodward escribieron sobre el caso Watergate.

El primer deber de un periodista es ser leído”

Pierre Lazareff, periodista francés.

Una de las principales aportaciones de Carmen Caffarel, actual directora del Instituto Cervantes, en su paso por la RTVE, fue la creación de la Oficina del Defensor del Telespectador y del Radioyente, que ahora cumple dos años de andadura.

La oficina tiene estas funciones:

1.- Atender las reclamaciones, sugerencias y propuestas de los usuarios, sobre los contenidos y programación de las emisiones en todos sus soportes, segun las normas generales vigentes y de acurdo a las directrices básicas de programación y publicidad aprobadas por RTVE.

2.- Velar especialmente por la protección de la infancia y la juventud, así como por el respeto de los principios de igualdad y no discriminación entre ciudadanos y por los derechos a la intimidad, el honor y la propia imagen.

3.- Promover el conocimiento de los derechos que asisten a los ciudadaos como usuarios de los medios de comunicación.

Y su creación se fundamenta en un argumento básico:

“Es un principio admitido en el ámbito de los medios de comunicación que si bien errar es humano, reconocerlo resulta una buena forma de incrementar la credibilidad del medio que comete el error o que vulnera sus propios principios. Por ello, el Defensor del telespectador y del radioyente será, en primer lugar, el órgano independiente de que se dota RTVE para el ejercicio de autocrítica”, dice la resolución por la que se crea esta oficina.

Buscando en la web del resto de cadenas de televisión en España no he encontrado nada parecido en Telecinco, Cuatro, Antena3 ni en La Sexta; no sé si alguna otra además de la televisión pública se ha preocupado así de su público.

La defensora del telespectador es Elena Sánchez va a hacer un programa dedicado esclusivamente a esta labor: “Canalizaré las quejas de la audiencia, alertaré a los compañeros sobre los fallos y divulgaré cómo trabajamos. Los intereses del medio y del público son los mismos”, dijo a El País hace unos días.

En “La Nueva Industria Audiovisual” hay debate acerca del formato que podría tener este programa.

Cuenta Rafael Díaz Arias en su blog acerca de un estudio elaborado por los editores de prensa:

“En esta ocasión los editores (700 de 120 países, aunque el 53% de Estados Unidos y Europa occidental) se muestran optimistas sobre el futuro de su actividad (un 86%), pero sólo una minoría (un 30%) cree que la plataforma de distribución dominante seguirá siendo el papel. La mayoría apuesta por la distribución on line (44%), a través de dispositivos móviles (12%) o en papel electrónico (7%). De modo que se confía en el futuro, en la capacidad de crear contenidos informativos como la base de la actividad, pero se vislumbra la decadencia del periódico en papel. Estos cambios de la distribución hacen creer a la mayoría (56%) que las noticias serán gratuitas en el futuro”

“Los editores apuestan por la convergencia y los redacciones multimedia, pero temen no tener el dinero ni los periodistas necesarios para afrontar el reto. Quizá por ello un 28% piensa que la calidad del periodismo empeorará en los próximos años.”

Así a vuelapluma, sin pensar mucho, me da la impresión de que los editores están viendo que seguirán ganando dinero con un modelo en el que se ofrece periodismo de baja calidad. Si no, ¿como casan las dos afirmaciones que he resaltado en negrita?

Personalmente soy optimista y creo que los editores tienen razón en su primera afirmación, aunque discrepo de la segunda, porque estoy convencido de que sin contenidos de calidad, el modelo informativo no tendría futuro.

Una pista de ello la recoge Francis Pisani en Soitu:

“En tres días, Google News ha indexado casi 3.000 artículos relativos a la ruptura de negociaciones entre Microsoft y Yahoo. 3.000 artículos “sobre lo mismo”, subraya Scott Karp, de Publishing 2.0. Y eso sin contar los blogs.”

“Ésta es una de las razones por las que asistimos a lo que en inglés se llama “the commodization of news”, el hecho de que el valor de los artículos de actualidad, más aún que el de los productos de consumo habitual, tiende hacia cero.”

Y si todas las redacciones escriben lo mismo ¿para qué sirven? Pues tienen que servir para marcar la diferencia informativa. ¿Cómo? Innovando con el uso de nuevas tecnologías, pero también conservando lo mejor del periodismo: pisar la calle y escuchar las inquietudes y los intereses de la gente y reportearlos y cumplir con su papel de fiscalización pública de la actividad del poder.

La entrada de Rafael Díaz Arias: ¡Mueran los periódicos!¡Viva la prensa!

La entrada de Francis Pisani: Cuando la actualidad no vale nada

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